Patrocinio

Marcas sostienen mi arte, pero sigo en lo mio

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Un primer plano en blanco y negro de un hombre con gafas y jersey de cuello alto.
Un primer plano en blanco y negro de un hombre con gafas y jersey de cuello alto.
Un primer plano en blanco y negro de un hombre sonriente que lleva gafas.
Un primer plano en blanco y negro de un hombre sonriente que lleva gafas.
Silueta artística en blanco y negro de un torso frente a una cortina.
Silueta artística en blanco y negro de un torso frente a una cortina.
Siluetas oscuras y desenfocadas en un entorno de sombras profundas.
Siluetas oscuras y desenfocadas en un entorno de sombras profundas.
Cielo nublado sobre siluetas de árboles en blanco y negro.
Cielo nublado sobre siluetas de árboles en blanco y negro.
Follaje denso bajo un cielo gris de nubes cargadas.
Follaje denso bajo un cielo gris de nubes cargadas.
Retrato en blanco y negro de un gato atigrado mirando a cámara.
Retrato en blanco y negro de un gato atigrado mirando a cámara.

¿Qué es realmente tener un patrocinador en mi proyecto?

Tener patrocinadores en un proyecto de fotografía, escritura, cine y música no es solo recibir dinero o apoyo, es aceptar que alguien más decide creer en mi forma de mirar el mundo, incluso cuando esa mirada está rota, cansada o llena de sombras; es convertir la soledad de crear en un pacto silencioso donde mi voz en imágenes, videos y audios sigue siendo mio sin importar las métricas, seguidores, cifras o visibilidad, sino un eco ajeno que espera algo a cambio, no forzar, pero siempre presente; es sostener el equilibrio entre la autenticidad que me quema por dentro y las expectativas que llegan desde afuera, como cartas que nunca pedí pero igual tiene que abrir; y aun así, en medio de todo, sigue siendo un acto profundamente humano: alguien ve mi caos, mi arte, mi forma de expresar lo indecible, y decide quedarse, financiarlo, empujarlo, como si creyera que entre tanta nostalgia todavía hay algo que merece ser visto, leído y escuchado.

Este rincón, apenas sostenido por imágenes, sombras y acordes, permanece abierto para aquellas marcas que deseen patrocinar mi mundo y habitarlo un instante; pueden escribirme, dejar su rastro en el formulario o en mi correo, aunque debo advertir, con una leve culpa que me persigue, que a veces tardo en responder, no por desinterés, sino porque me pierdo —irremediablemente— en el peso de pensar, en la sospecha constante de que la vida es breve, casi un suspiro torcido, y que incluso este pequeño cuarto de existencia exige ser sentido antes que contestado.

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